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día 278
No creo que exista una confesión más sincera que una lágrima. Cuando todo te desborda y no lo puedes evitar. Quizás por eso los cobardes odiamos llorar. ¿Qué hay más vulnerable que una persona que llora? No es fácil encontrar a alguien delante del que poder llorar. Desnudo y sin ninguna armadura, dejarte llevar. Todas esas cosas que no nos atrevemos a decir se derraman así. Y tras tres lágrimas en la oscuridad de aquella burbuja, recuérdame que deje flores en su puerta.
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día 277
Y, se cansó. Del amor obsesivo, del amor enemigo. De los comportamientos destructivos y de todo eso que nos han vendido. Que eso no es amor, que va. Le sacó el dedo a todo aquel que decía que el amor de verdad es de ese que sale en las películas. Que si no eres capaz de sacrificarlo todo o no te sientes morir cada vez que te deja porque se aburre y necesita espacio, eso no es amor. Les grito en la cara a todas esas niñas tontas que se creen todos los cuentos y cuyo final feliz sólo existe acompañada. Y que les den a todas esas de "es que lo hace porque me quiere" o "es que los chicos son así". Se dio cuenta de que, lo que ella creía que era el amor era sólo por lo que le habían contado, así que decidió llenarse de experiencias para redefinir esa palabra a su manera, y olvidarse de tanta drogodependencia y sacrificio. Que no hay que creerse todo lo que se dice por ahí. Que a lo mejor lo que pasa es que no les hace gracia verte libre y feliz.
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día 269
Te lo dije, el día que te dieras cuenta yo ya estaría lejos. Y para ese lejos no me hizo fatal usar ningún billete de avión, no. Fue una cosa entre tú y yo, nadie más lo vio. No recuerdo cual fue el detonante pero no deje de correr en meses. Huir de ti, eso quería, poner toda la distancia posible hasta que llegara un momento en el que pudiera mirar atrás sin miedo. Parece imposible pero pasa, mirar a los ojos a esa persona que antes de hipnotizaba y no sentir absolutamente nada. Es una sensación rara, una mezcla entre batalla ganada y ganas de llorar. Y, ahora, ahora que verdaderas distancias nos separan, ahora que a más de tres horas de avión, ahora que hay desconocidos hasta en la cocina y que le veo en cada canción, me he dado cuenta de que echo de menos esa sensación, de que quiero volver a estar totalmente hipnotizada. Que no pienso regalarte algo que no te mereces cuando él esta dispuesto a ganárselo a pulso.
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día 265
Cuando le conocí se me coló dentro, sin que yo me diera cuenta. Comenzó a crecer poquito a poco, expandiéndose y recubriendo cada rincón de mi cuerpo. Buscando cada lugar donde poder hacerme cosquillas, deteniéndose a contemplar todas las cicatrices, hurgando en cada recoveco de mi mente, queriendo cada vez más y más. Y, en cierto modo, yo lo alimentaba, tal vez de manera más consciente de lo que me guste asumir. No lo voy a negar, me encantaba mirar como crecía, susurrarle al oído que conocía un sitio mucho mejor para hacerme cosquillas que el que él acababa de encontrar o la forma con la que me acariciaba las heridas como si se trataran de marcas de guerra de una poderosa heroína. Y, ahora que me ha llenado por completo, ahora que no quedan más lugares por encontrar, me aterra pensar que le decepcione la ausencia de misterio, que se de cuenta que las cosas no son tan fascinantes como parecen cuando las descubres, y termine marchándose a explorar otros planetas.
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día 264
Estábamos tumbados en la cama desnudos, exhaustos, jadeantes y sudorosos. Entrelazados en alguna extraña postura más bien no muy cómoda. Manteníamos alguna conversación estúpida de esas tan típicas de después del sexo. No fumabas, tú nunca fumabas. ¿Fumas? Recuerdo que te di la frase más bonita de la historia, te la di y te dije: "Regálasela a alguna Lolita que te sepa enamorar". Siembre te han pegado las Lolitas, no me intentes engañar. Tú no te diste cuenta, pero era una trampa. No sé si te habrás atrevido a usarla, la verdad. Quizás el tono amargo de mi comentario destruyó por completo la frase anterior o puede que todavía no hayas sido capaz de asumir tus sentimientos hacia otra persona. Quién sabe. El caso es que la frase estaba contaminada, he ahí el truco. Contaminado conmigo, por supuesto, deje dentro de ella un poquito de mi esencia. El día que seas capaz de susurrársela a otra persona pensarás en mí. Lo siento, pero tenía que hacerlo, estaba segura de que si no, no lo harías nunca.
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día 261
Y así fue como, sin querer,
se nos hizo tarde.
Descubrimos que, tal vez,
no eramos inmortales.
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día 258
Decías que ya no quedan soñadores como los de antes y yo siempre pensé que te hacía falta mirarte más en el espejo. Soñabas con construir miles de realidades paralelas y encerrarlas en cuatro palabras. Por construir, construiste una infinidad de castillos en el aire y los encerraste todos en mi cabeza. Una tarde de abril, tumbados en la terraza, después de una botella y medía de vino dijiste que con lo grande que era el universo y lo pequeño que era este planeta no entendías como no sentía claustrofobia. Después de aquel día nunca más te volví a ver. He oído que te marchaste lejos, que en Berlín conociste a una italiana y ahora te paseas por ahí de la mano de dos niñas que te llaman "vatti". Según parece te acostumbraste a la sensación de claustrofobia, siento decírtelo, pero, por muy lejos que te fueras, estás tan encerrado como yo.
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día 251
Sigo sin atreverme a escribirte, que le voy a hacer. Nunca dejaré de ser una cobarde, por mucho tiempo que pase. Y todas estas palabras que debería ser capaz de pronunciar en voz alta se perderán en este universo completamente paralelo al tuyo. Me gustaría ser capaz de expresar las cosas que pasan por mi cabeza, más aun, ser capaz de decírtelas a ti, pero ya lo he dado por imposible. Nos quedaremos así, en un todo lo que pudimos ser, para mí. Y, el día que no pueda más, te dedicaré miles de cartas y canciones amargas, quizás incluso alguna lágrima. Para cuando te des por aludido ya será tarde, jugarás al príncipe valiente y querrás salvarme. Pero estaré totalmente fuera de tú alcance. Y, si mañana nos volvemos a cruzar, por favor no se te ocurra mirarme, que sabes que mi fuerza de voluntad es limitada, que me basta una sonrisa para salir disparada y acabar de nuevo atrapada en tu campo de atracción, de noches saladas, de besos a traición. Que ya te lo dije en su día, siempre tendrás un hueco bajo mi edredón.
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día 250
Venía a hablaros de puntos de inflexión. De ese estúpido momento en el que todo lo que iba perfecto se jode sin que tú puedas hacer nada. De como todo se estropea y no entiendes muy bien que es lo que ha pasado, ni porqué. De decepciones injustificadas porque nunca tuviste motivos para ilusionarte. De un montón de "Que hubiera pasado si...". Venía a hablaros de que todo se estropea en el momento más inesperado. De que las cosas que suben tienen que bajar. De que no consigo revivir ese sábado, pese a que de buena gana me quedaría a vivir en él. Venía a contaros un montón de cosas tristes, pero sinceramente creo que prefiero poner la música tan fuerte que no pueda pensar y bailar como loca por todo el salón.
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día 245
Busca un chico que comparta todos y cada uno de tus gustos musicales, que le gusten los mismos libros que a ti. Un chico que comparta tus aficiones, ya sea el tenis o la fotografía. Busca un chico que elija el mismo plato que tú de la carta y que, cuando os deis cuenta de esta coincidencia, no podáis evitar reíros. Búscale a poder ser entre tus compañeros de carrera, así habréis estudiado lo mismo y tendréis aun más cosas en común. Un chico al que le guste beber lo mismo que a ti, así cuando salgais de fiesta podrás beberte su copa. Un chico que, en definitiva, se te parezca lo más posible. Cuando lo encuentres no le dejes escapar, empieza a salir con él, seguro que se os ocurren mil cosas que hacer juntos. Eso sí, cuando pase el tiempo y te des cuenta de lo tedioso que resulta que te den siempre la razón, no digas que no te lo avisé.
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día 241
Miraba embobada las vías del metro sentada en aquel banco de Plaza España sin parar de llorar, mientras cantaba Piledriver Waltz. A esas alturas la daba absolutamente igual quien mirase o dejara de mirar. Había vuelto a entrar en aquel circulo vicioso y sabía que, para no variar, él no la iba a ir a buscar.
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día 238
Pudimos tenerlo todo. Todo. ¿Sabes lo que eso significa? Todo son desayunos en la cama, un montón de besos bajo la lluvia, recorrer del brazo cada capital de Europa. Todo son como mínimo tres o cuatro hijos, compartir el postre, una casa llena de libros. Todo era una bolsa llena de ilusiones que tú y aquella otra chica pisoteasteis una noche de abril, sobre la misma cama en la que tres días después yo no pude dejar de llorar.
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día 237
Quiéreme lo suficiente como para entregarme el control, como para exponerte por completo y ser totalmente vulnerable. Quiéreme incluso después de que te haga daño, tanto daño como nunca nadie te hizo. Porque te prometo que yo ya te quiero lo suficiente como para no dejar que eso pase jamás, o incluso más.
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día 233
Nos conocimos un otoño pero nuestros labios no se juntaron por primera vez hasta un día de invierno con demasiado alcohol en las venas. Lo dejamos pasar y al final terminó por engullirnos a los dos. Florecimos en abril, tarde y mal, como todo lo que yo hago. Sin querer darnos cuenta llego el verano y con él las distancias, que, aunque duraran poco tiempo, nos hicieron daño. Entre cientos de trayectos de autobús nos fuimos conociendo más y más. Y, sin que nos diéramos cuenta, volvía a ser otoño. Siempre me dio mala espina ese otoño, y es que creo que fue ahí cuando empezamos a rompernos. Empezaron las decepciones, el pasar menos tiempo juntos, el dejar de escucharnos. Pero pese a eso aguantamos, aguantamos el frío como unos campeones. Y, cuando empezaba a asomar de nuevo la primavera, se rompió, se rompió para siempre y, ni con todo el celo del mundo he sido capaz de volverlo a unir.
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día 232
Aunque tú no lo sepas hemos vivido una historia de amor digna de que se escriba en cientos de relatos cortos. O quizás en una canción de Quique González o en un poema de Luis García Montero. Que tú y yo nos hemos querido sin que tú tengas ni idea, nos hemos dicho tanto, en ocasiones incluso hemos discutido, y nos hemos reconciliado y aun más. Hemos hecho miles de proyectos, recorrido cientos de ciudades, recordado millones de canciones. Ni te imaginas la de veces que habré dormido acostada a tu espalda. Y mi cama se queda y se queja fría cuando te marchas. Que lo sé, que por ti inventaría mareas y aprendería a tripular barcos. Que muero porque enciendas el mar de mis labios o puede que toda mi escalera. Por eso, al final, después de mucho pensarlo intenté meterlo todo en un pequeño sobre, sin remite por supuesto, que al final me entraron ganas de que empezaras a saberlo. Pero descubrí que no dejar mis huellas es cosa de cobardes. Y, como suele pasar en estos casos, al llegar la mañana, no me di ni cuenta de que ya nunca estabas, de que nunca habías estado.
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día 228
No quiere volver a los círculos viciosos, a las noches pasadas por agua, a las sonrisas que se rompen, a los abrazos fríos. No quiere jugar más a este tira y afloja porque al final, además de caerse de culo en el barro se quemó las manos, que sabes que, la muy ilusa, las puso en el fuego por ti. Le costó demasiado encerrar la vulnerabilidad que le provocas cuando la miras en esa vieja maleta que está escondida en el fondo del armario y le aterra que, si lo vuelves a hacer, se vuelva a instalar en su cama. No sé si lo sabes, pero la pobre se tuvo que tragar el corazón a ver si la amenaza de ser disuelto por los jugos gástricos conseguía que dejara de hablar de ti. Y pese a eso tiene la lengua llena de cicatrices de todas las veces que se la tuvo que morder para que no se le oyera gritar desde su estomago. Y es que al parecer ni bajo tortura dejaba de quererte. La ha costado mucho esfuerzo pero al final ha conseguido que, medio moribundo, se rindiera. Así que no, no quiere volver, no quiero volver.
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día 226
Después de cantarte al oído con mucho cuidado "Canción de amor y muerte" te susurraría que, por favor, me contagiaras. Luego ya, si quieres contagiamos a todos los demás, y que nos miren mal, que a mí, mientras me sigas besando infectado, me da igual. Porque ya no hay dolor y no me pongo nerviosa porque gracias a ti nunca me he dejado de sentir guapa y peligrosa, para ti. Que sabes que como me digas que seguirás aquí a mi lado y que me quieres a pesar de la muerte, de la vida o la suerte seré yo la que siempre te querrá, ya verás. Que sí, que somos todo esto y voy contigo hasta el final y me da igual que todavía no lo entiendas. Y es que seré la princesa que te muerda y te bese pero para eso primero te tengo que encontrar, que yo también quiero un amor así, a pesar de lo raro que pueda llegar a ser.
Pd. Dedicación especial a La chica de los lacasitos porque este texto surgió por culpa de que ella escribió esto y desde entonces yo no pude parar de escuchar esa canción :)
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día 225
Y volvió el frío y ella se puedo volver a esconder bajo sus miles de capas de abrigo. Y es que la rutina hace que dejarse llevar sea más fácil y que nadie se pare a pensar en las cosas que pasan. La vida en invierno se mueve más deprisa, aunque nunca pase nada.
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día 223
Se me había olvidado por completo pero adoro Madrid. Ya sea el número 6 de Santa María de la Cabeza o subir casi corriendo la calle Leganitos. Todos los atardeceres que he visto con una litrona desde el mirador de Moncloa. O perderme en el rincón más escondido del Retiro con un libro como única compañía. Aun recuerdo las noches en Metropolitano que terminaban curioseando los dormitorios de algún que otro colegio mayor. Y aquella tarde que empezamos en Lavapies y terminé subiendo a verte hasta el barrio del Pilar. Todas y cada una de las noches que pasamos en Alonso Martinez, como esa que me desperté en Montecarlo sin saber muy bien como había llegado hasta allí . O puede que salgamos por huertas y un poco de alcohol consiga que las frases del suelo me parezcan incluso más maravillosas. O callejee un poco por Cuatro Caminos rebuscando en mi cabeza el más minimo detalle que me ayude a llegar a mi destino. Aun recuerdo el año que me recorrí la linea diez de arriba para abajo o todas las veces que he ido exactamente al punto opuesto de la linea 6 sólo para verte. Sé que tarde o temprano me iré, porque siempre he sido un ave de paso, pero esté donde este no podré evitar sonreir cuando alguien me cante Lady Madrid.
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día 220
Son horas completamente mágicas, puede que no sean las 4 y 26, puede que sean las doce en punto o las 2 y 31, eso es lo de menos. A lo que me refiero es a esos momentos del día en los que nos atrevemos a gritar lo que llevamos callándonos demasiado tiempo, o a susurrárselo al oído a la persona adecuada.
Pd. Por cierto, Verde Oscuro y Lau, me devolvieron los premios del otro día que, como ya los he hecho, no voy a repetir pero se me ha ido el santo al cielo y no los he agradecido xD Así que eso :) Muchas gracias por acordaros de mi blog cuando recibís un premio, que me hace mucha ilu :D
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