Parte de ellos...

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día 271

Allí estaba ella, de pie sobre el alfeizar de la ventana de aquella habitación de hotel del piso 37, mirando hacia el vacío que se abría bajo sus pies. Más de cincuenta metros de caída libre. Una muerte prácticamente segura. La botella de tequila que sujetaba con la mano izquierda estaba prácticamente vacía  No sabía muy bien cuanto tiempo llevaba allí de pie cuando de repente escuchó su voz desde la ventana.

-Deberías andar con más cuidado.

Ella se giró y allí estaban otra vez esos ojos. Mirándola con una intensidad que no recordaba haber visto nunca.

-¿Quieres morirte conmigo?-preguntó ella con una sonrisa picara en los labios.

-Primero quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.

día 209

Allí estábamos los dos, como tontos, mirándonos expectantes. No tienes ni idea de como cuantas veces he revivido esos momentos en mi cabeza. Yo no dejaba de pensar como era posible que alguien como tú se hubiera fijado en alguien como yo, y tiempo después descubrí que tú estabas pensando exactamente lo mismo. Nos conocíamos, dijéramos lo que dijéramos, habíamos hablado tanto que en algún momento, no recuerdo muy bien cual algo sucedió entre nosotros, encajamos. Y esa noche no nos pudimos contener más y nos comimos a besos, nos llenamos de caricias con más complicidad de la que jamás haya compartido con nadie.

día 203

La pobre ilusa pasaba todos los miércoles por la noche en el Bukowski desde que leyó aquel poema de Daniel Orviz en internet. Nunca se la dio especialmente bien valorar lo que tenía, siempre soñaba con historias de amor fantásticas y viajes de huida a la otra punta del planeta. Le gustaba contar su vida uniendo frases de Sabina. Tenía un pequeño piso lleno de cachivaches en alguna parte de Lavapiés y un banco favorito del Retiro donde se sentaba a leer. Nunca fue una chica de muchas palabras, pero por algo eligió su profesión.

día 171

Siempre la verías con esa camiseta de rayas marinera y las mayas ajustadas. Toda la carita pintada de blanco y los labios más que rojos, para que dudarlo. Llevaba siempre una boina francesa y unos guantes blancos bastante parecidos a aquellos que usaba el mismísimo Mickey Mouse. La podrías encontrar en cualquier recoveco del Retiro, que por mucho que ella dijera que el día menos pensado se iría a vivir a Barcelona y haría lo mismo en las ramblas siempre estuvo totalmente enamorada de Madrid. Y, para que negarlo, yo siempre estuve totalmente enamorado de ella.