Parte de ellos...

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día 118

-Me he cansado de ti, me he cansado de que te creas que lo sabes todo sobre mí, de que siempre me estés juzgando, de que pienses que soy una niñata asquerosa, de que no me hagas ni caso, de que evites todo amago de conversación seria, de que seas tan terriblemente infantil y rencoroso. Me he cansado, sí, estoy harta de preguntar por ti a todo el mundo con el suficiente disimulo para que nadie piense que me importas, porque me importas. Si te estoy diciendo esto es precisamente por eso. Me importas más de lo que me gustaría y eso me hace muchísimo más daño del que te imaginas. - Lucía se quedo en silencio expectante. No sabía que buscaba, tal vez un abrazo, un beso o un "tú también me importas" hubieran estado bien, pero no recibió nada de eso.

Diego estaba perplejo, nunca en su vida había visto a Lucía tan abierta ante él y en ese momento no supo reaccionar. Se quedó en silencio mirándola con cara de pánfilo, lo cual enervó aun más a Lucía.

-Esta bien, - continuó Lucía.- me voy. Tranquilo, es la ultima vez que te molesto. - Acto seguido echó a correr mientras las lagrimas la iban brotando de los ojos.

día 98

Enredados entre las sabanas aquel miércoles por la mañana a Diego se le pasó por la cabeza una genial pregunta:

-¿Confías en mí?

-Sí.

-¿Lo merezco?

-No.

Y la verdad, Lucía tiene toda la razón del mundo, Diego jamás la ha dado un solo motivo para confiar en él, pero cuando una se enamora se vuelve así de tonta.

día 85

Lucía se miró al espejo, sonrió nerviosa. Acto seguido comenzó a toquetearse el pelo mientras recitaba su más que ensayado discurso.

-He tomado una decisión ¿sabes? Me he cansado de intentar entenderte o que me entiendas. Así que voy ha aceptar lo que quieras entregarme sin preguntas, sin rayadas, sin más. Si quieres estar conmigo bien y si no también. Tu decides, como has hecho siempre, pero ahora, con mi consentimiento.

En ese momento sonó el timbre y Lucía volvió completamente a la realidad. Abrió la puerta con una sonrisa.

-Pasa Diego, pasa. Me alegro de que me hayas llamado.

Lastima que Diego nunca vaya a escuchar el discurso que Lucía tenía preparado, como siempre ella es incapaz de decir lo que tiene en la cabeza.

día 81

-¿Sabes? Espera un momento, claro que lo sabes, estoy convencida de que si que lo sabes.

-¿El qué?

-Que eres tonto perdido, después de todas las veces que te lo he dicho tienes que saberlo.

-Si, hay dos cosas que se seguro, que soy tonto perdido y que me quieres.

-Pues puede que a lo mejor no sepas nada.

día 75

Sentaditos en un coche, Lucía al volante y Diego de copiloto, lo cual le pone muy nervios, tal vez por eso fue tan borde al responder a la frase de Lucía.

-Te digo yo que al final vas a acabar enamordísimo de mí. No, espera, ya lo estás. Lo que pasa es que aun no lo sabes.

-Y yo te digo que nada más nacer te escurriste de las manos del médico.

Menos mal que Lucía es una romántica empedernida y demasiado optimista que no pudo evitar pensar: "Pero no a dicho que no".

día 62

-Sabes que no me quieres, ¿verdad Diego?

-Claro que lo sé ¿por qué?

-Es que hay veces que me miras de forma diferente y parece que se te olvida.

-¿De forma diferente? ¿Cómo?

-Como si quisieras compartir conmigo el resto de tu vida, comidas familiares, mañanas de domingo bajo las sabanas, viajes por sorpresa, tardes de cine y palomitas, noches y noches hablando por teléfono, todas esas estupideces que les gusta prometerse a los enamorados.

-Sabes que nosotros no somos como ellos.