-Me he cansado de ti, me he cansado de que te creas que lo sabes todo sobre mí, de que siempre me estés juzgando, de que pienses que soy una niñata asquerosa, de que no me hagas ni caso, de que evites todo amago de conversación seria, de que seas tan terriblemente infantil y rencoroso. Me he cansado, sí, estoy harta de preguntar por ti a todo el mundo con el suficiente disimulo para que nadie piense que me importas, porque me importas. Si te estoy diciendo esto es precisamente por eso. Me importas más de lo que me gustaría y eso me hace muchísimo más daño del que te imaginas. - Lucía se quedo en silencio expectante. No sabía que buscaba, tal vez un abrazo, un beso o un "tú también me importas" hubieran estado bien, pero no recibió nada de eso.
Diego estaba perplejo, nunca en su vida había visto a Lucía tan abierta ante él y en ese momento no supo reaccionar. Se quedó en silencio mirándola con cara de pánfilo, lo cual enervó aun más a Lucía.
-Esta bien, - continuó Lucía.- me voy. Tranquilo, es la ultima vez que te molesto. - Acto seguido echó a correr mientras las lagrimas la iban brotando de los ojos.