Parte de ellos...

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día 196

Siempre tuve muchas cosas que decir y me las callé todas. Ese es el porqué de esta carta, carta que se perderá en algún cajón y tú no llegarás a leer jamás, o tal vez sí y ahora te estés muriendo de la risa por este comienzo tan inusual como estúpido. Los dos sabemos que esto lo cambia todo, así que deja de reírte. Tenía que escribirte porque estas empezando a volverme loco. Te veo en todas partes, en los bares, en las paradas de autobús, hasta en el supermercado metiendo en el carrito alguna de esas guarrerías demasiado dulces que siempre te ha encantado devorar. Cada vez que te veo me dedicas una bonita sonrisa, ya no sé si es que me persigues a todos lados o soy yo que te imagino. Tal vez sea eso, tanta serie de televisión con niñas bobas te ha hecho confundir realidades, te has enfundado una bonita boina francesa negra y has comenzado a seguirme. ¡Menuda misión de espionaje más estúpida! Si sabes de sobra que basta una llamada de teléfono para que yo confiese como un niño pequeño. Definitivamente la que se esta volviendo loca eres tú. No, no, no te rías que lo digo totalmente en serio. Creo que has perdido totalmente la cabeza. Hasta tal punto que he oído que ya nunca te comes las chucherías que escondes entre los cajones. Tal vez sea eso que has crecido, cambiado, todos hemos cambiado y ya nada es lo que era. ¿Sabes? Ayer te eché de menos. Sí, justo ayer. Paso de repente, estaba tumbado en la cama y, de pronto, me faltaste tú. Creo que en realidad siempre te he echado de menos solo que yo no he sabido darme cuenta. Menudo idiota, mis dudas y yo que siempre estamos igual. Pero el caso es que, si ayer te eché de menos ha sido hoy cuando he descubierto que un día al año no es suficiente, ni por asomo. ¡Un día al año! ¿Cómo se nos ocurrió semejante idea? Lo peor de todo es que estoy convencido de que se me ocurrió a mí, tú siempre has sido mil veces más lista y menos egoísta, como dice esa canción que tanto te gusta. Bueno a lo que iba, que me he dado cuenta de que no quiero que existan otros, de que no quiero conocerte de nuevo una vez al año, quiero conocerte entera. Quiero saber que haces los otros 364 días. Quiero verte recien levantada sin maquillar y esos pelos de loca que afirmas tener.

día 175

Se veian todos los 23 de noviembre en la misma cafetería. Como siempre llegaba el primero, a eso de las diez y diez, puntual como un reloj. Se sentaba en su mesita a esperarla, mientras leía algún libro o completaba cualquier crucigrama del periódico del día. A eso de las diez y media aparecia ella, como por casualidad, con esos ojos marrones suyos, tan grandes como puños y con esa mirada de inocencia y curiosidad siempre en ellos. Miraba de un lado a otro del local como si en realidad no supiera en que mesa se encontraba él. Se sentaba en la barra con esa sonrisa suya tan peculiar y pedía un café con leche y algún bollo para acompañar. Al cabo de unos veinte minutos se acercaba a la mesa y con cualquier escusa tonta se presentaba, como si nunca se hubiesen visto antes, como si no tuviera ni idea de que se encontraban allí solamente para verse.

Hablaban de todo y de nada, se resumian aquel año de su vida, quienes se habían marchado, quienes habian llegado, las sonrisas, los llantos, los enamoramientos, las tardes de cine y las de pipas, las compras compulsivas, los libros leidos, todo un año resumido en una conversación de cafetería cualquiera. Después caminaban calle abajo los dos juntos, expectantes y a la vez seguros de lo que pasaría a continuación. Irían al retiro y se sentarian a dar de comer a los patos, contemplando a la gente montanda en las barcas. Él la compraría un helado, de esos que la encantan, pese al frio que pudiera hacer. Y, cuando ya no pudieran más, se tumbarian en la hierba de cualquier rincon medio escondido a empezar lo que saben como va a terminar. Y es que ¿quién a dicho que el 14 de febrero es el día de los enamorados?

día 121

La niña que esconde chucherías entre los cajones de su ropa interior y el chico de las cámaras de fotos desechables comparten algo parecido a una historia de amor. La historia de amor más rara jamás contada, pero también una de las más especiales. Y es que ellos no son como los demás.
Si sabéis esperar algún día os contarán como empezó todo, seguramente un día de los enamorados.