Parte de ellos...

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día 279

Si alguien me preguntara cual es mi mayor virtud diría que volverme invisible. Aunque posiblemente contestara lo mismo a cual es mi mayor defecto. Pensándolo bien no creo que sea una cualidad que me pertenezca. Soy una de esas chicas que si no gritan nadie las mira, el problema es que me paso la vida gritando y la gente se lleva la idea equivocada. Si no le susurro a casi nadie es porque soy una cobarde que está acostumbrada a que casi nunca salga bien. A ni si quiera entender el porqué. A que en el momento más inesperado se te olvide que eras capaz de verme.

día 187

Y es que ya lo cantó Miss Caffeina, sé lo que nos va a pasar, no vamos a tener más noches juntos, ni a discutir porque película vemos, no más dormir abrazos o decidir a quien le toca invitar hoy a la comida o la cena. No me harás más cosquillas porque mi risa ya no es el sonido más bonito del mundo. Se acabaron los ratos tirados en la cama hablando de todo y de nada. No podré volver a usar ese brillo de labios, por no poder no puedo ni mirarlo. Y es que lo nuestro se ha acabado, por mucho que no me quiera enterar.

día 152

¿Nunca habéis tenido la sensación de que alguien a quien conocíais se a convertido en otra persona? La miras a los ojos pero no eres capaz de reconocerla. Tratas de pensar en todas las cosas que has vivido con esa persona, en los recuerdos que tenéis en común y tienes la sensación de que te han pasado con alguien distinto, como si al haber cambiado la persona que era antes hubiera desaparecido. Y sientes rabia, muchísima rabia, por que esa persona que ahora no consigues encontrar te encantaba.

día 140

Es como cuando después de pasarte media hora sentada en el suelo de un baño publico llorando sales, y piensas que, tal vez, de pronto aparezca él, que ha decidido venir a buscarte preocupadísimo por como te has ido corriendo. Pero no, nunca está. Menuda ilusa.

día 132

¿Sabes? No me gusta nada quererte. Y mira que hice todo lo posible para evitarlo, pero al final me enamoré de ti como una tonta. Y es que sabía de ante mano que tú jamás te enamorarías de mí.

día 91

Y ¿sabes que es lo que más me gusta de no seguir contigo? Que ahora puedo salir de fiesta y aguantar la noche entera con el maquillaje intacto. No como contigo, que siempre terminaba con toda la cara enguarrinada de ese color tan rojo que tiene mi pintalabios de Nina Ricci.

día 60

Por que pasa a veces, que las chicas que parecen más felices, las de la sonrisa más grande, son las que más ayuda necesitan, solo que no saben como decirlo.

día 26

Me estoy enamorando de un desconocido. He puesto en su boca frases que no ha dicho, en su personalidad rasgos que no sé si tiene, he vivido con él cosas que no existen. Me paso el día pensandole con una estupida sonrisa pintada en la cara. Y, lo peor de todo, es que no quiero arriesgarme conocerle para lo decepcionarme.

día 20

-Me encanta autoengañarme creyendome que le odio.

-Vaya, pues a mi me pasa algo muy parecido.

-¿Ah sí?

-Si, me encanta autoengañarme creyendome que aun me quieres.

día 14

-¿Qué tal el concierto?

-Al principio bastante bien. Pero, entonces, de repente, tocaron esa canción, la que me recuerda tanto a ti y ya no pude dejar de llorar.

día 12

-Nunca más volveré a enamorarme.
-¿Ah no?
-No, porque luego duele demasiado que te rompan el corazón.
-Piensa que si no te lo hubieran roto no habrías podido enamorarte tanto de mí que prefieras tomar una determinación de cobarde antes que asumirlo.

día 10 ( II )

Por si alguien no se había fijado autoengaño a sus besos fugaces con relacciones serias.

día 10 ( I )

No sabía querer. Por eso se entregaba una y otra vez a esas estúpidas relaciones liberales, como a ella le gustaba llamarlo. Le encantaba el autoengaño. Creía fervientemente que si no se comprometía eso no era amor, que la hacía inmune a todo el sufrimiento que se desata cuando una relación se termina. Pensaba que si lo avisaba de antemano no era ella la mala de la película, simplemente no habían querido escucharla. Nunca había sido capaz de decir un te quiero sincero, siempre sonreía y esbozaba algunos “yo también” sin sentido, ni sentimiento. O como mucho alguna mentira piadosa que, aunque bien intencionada, a la larga es dolorosa. No dejaba de repetirse que así era mejor para ella, que jamás sabría lo que es que te rompan el corazón, lo que es el mal de amores o sería tan tonta de no comer y no dormir por cualquier subnormal de tres al cuarto que no había sabido valorarla. Estaba tan encerrada dentro de aquella vorágine de relaciones inútiles que no lo vio venir. No se dio cuenta de que aquella vez no era como el resto. De que con aquella primera sonrisa suya la había cautivado para siempre, que ya no sabía vivir sin sus miradas, ni sin sus caricias o sus besos fugaces. Hizo exactamente lo mismo que hacia siempre, no le dio importancia, se entrego a él como a tanto otros. Le habló con claridad, le dijo que ella no sabia de relaciones serias. Le engañó una y mil veces, con cualquier chico que se le cruzara por la mente, y por eso, de repente él se cansó. Nunca la había pasado nada parecido, siempre era ella quien decidía con quien y cuando. Siempre era ella la que tenía el control de la situación. Por primera vez en su vida había sido rechazada y a medida que pasaba el tiempo se dio cuenta de que habia sido rechazada por la única persona que le habia importado.

día 6

-El primer día que te vi llevabas ese sombrerito blanco que te queda tan gracioso… - dijo él.

-Y tú los cascos excesivamente grandes que usas para escuchar música, los verdes…- recordó ella.

-No dejo de pensar en el primer día que te vi.- pensaron a la vez ambos sin ser capaces de pronunciar palabra.

día 3

15 de enero de 1994. Suena un teléfono.

-Mis sabanas te echan de menos, en especial en las largas noches de invierno.

-Mi almohada dice que no es capaz de dormir desde que no siente tu olor sobre ella.

-Me encanta utilizar estúpidas metáforas contigo, ¿vienes?

-Sabes que no puedo aunque me muera de ganas.