Parte de ellos...

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día 88

Y es que en el fondo nunca te importé lo más minimo. Por eso al final, después de tantas estúpideces, paranoias y malos ratos, me fui. La gracia está en que estoy convencido de que fue gusto en este momento fue cuando te diste cuenta de que me querías. Pero yo tengo una única norma en mi vida, nunca contradigo una decisión ya tomada. Así que te quedan dos opciones, o más bien canciones "Miau" de Love of Lesbian o "Hazmelo" de Pereza. Tú eliges, nena.

día 58

abandonar.
(Del fr. abandonner, y este del germ. *banna, orden).
1. tr. Dejar, desamparar a alguien o algo.
2. tr. Dejar una ocupación, un intento, un derecho, etc., emprendido ya. En juegos y deportes, u. m. c. intr. Al tercer asalto, abandonó.
3. tr. Dejar un lugar, apartarse de él.
4. tr. Cesar de frecuentar o habitar un lugar.
5. tr. Apoyar, reclinar con dejadez. U. m. c. prnl.
6. tr. Entregar, confiar algo a una persona o cosa. U. m. c. prnl.
7. prnl. Dejarse dominar por afectos, pasiones o vicios.
8. prnl. Descuidar los intereses o las obligaciones.
9. prnl. Descuidar el aseo y la compostura.
10. prnl. Caer de ánimo, rendirse en las adversidades y contratiempos.

Si, no lo pude evitar y consulte el diccionario. Y es que lo nuestro es la historia de un abandono.

Todo empezó por casualidad cuando yo abandoné (nº2) las clases de piano para empezar a jugar algún deporte, y el primer día que fuí ¿a quién me encontré de frente? Si a ti, tú ni te acordarás pero así nos conocimos.

Pasaron los meses y abandonaste (nº4) el polideportivo, que era el unico lugar donde coincidiamos, pero ya no nos importo hacía tiempo que nos habiamos abandonado (nº7) y es que lo nuestro nunca fue facil de dominar. Por aquel entonces se me ocurrió la genial idea de abandonar (nº6) mi corazón y confiartelo a ti, si no tengo ni dos dedos de frente, ya lo sabes. Por ti comencé a abandonarlo (nº8) todo, los estudios, el deporte, el cine, todo lo que formaba parte de mi vida antes de ti. Abandoné (nº3) totalmente las zonas por donde salian mis amigas, a las que tú no soportabas.

Y, ¿para qué me sirvió todo esto? Una tarde me llamaste para quedar, viniste en bicicleta como siempre y la abandonaste (nº5) sobre la pared de mi garaje. Pero a la que realmente venias a abandonar (nº1) fue a mí.

Y a partir de ahi comenzó mi propio abandono. Las primeras semanas me abandoné (nº9), hasta que me di cuenta que no servía de nada. Han pasado meses y aunque cuido mi aseo y compostura, me he abandonado (nº10).